
IRLANDA:
HISTORIA DE UNA OPRESIÓN.
Para entender el problema nos hemos de remontar
al año 1170, cuando, con la caída de Dublín en manos
del inglés conde Pembroke, se inicia la lenta agonía
del pueblo gaélico. En 1536, después de una larga
serie de tristes episodios, Irlanda es ya una colonia
inglesa en la que el racismo y la barbarie hace décadas
enteras que dictan su ley. Pero es en este año (1536)
cuando viene a añadirse el problema religioso, ya que
Enrique VIII rompe su sumisión a Roma, y dicta una
llamada "Acta de Supremacía", que bien pronto
tratará también de aplicar en Irlanda.
Isabel,
como todos los monarcas posteriores, reacciona contra
los rebeldes y ordena su aplastamiento por las armas. Y
también, por vez primera, surge la idea de construir un
enclave protestante en la zona más gaélica de Irlanda
(el Ulster). Será en el siglo XVII, después de una
serie de matanzas, cuando se empiezan a repartir miles
de hectáreas entre colonos presbiterianos de origen
inglés y escocés, para ir sustituyendo físicamente a
los irlandeses. Como los colonos son minoría, y con el
tiempo pueden acabar deglutidos en la masa irlandesa,
tal como pasó con los normandos, Londres rompe hasta el
último de los puentes, y entre los autóctonos y los
forasteros, entre católicos y protestantes, entre los
gaélicos y los sajones, entre los explotados y los
explotadores, no habrá el menor contacto y se castigará
duramente cualquier aproximación.
En
1641, los irlandeses no pueden más. Las vejaciones y
humillaciones les lanzan a empuñar las armas y
consiguen deshacerse en grandes zonas de muchos colonos.
Pero el enemigo está en la isla de al lado y envía un
gran ejército para vengar los agravios. La guerra dura
12 años y los irlandeses son derrotados. Cinco sextas
partes de la población irlandesa ha muerto, los dos
tercios del suelo isleño es repartido entre los
colonos, y son pocas las casas de católicos que quedan
en pié. A partir de ahora los irlandeses aun serán más
duramente reprimidos, no podrán trabajar en la
administración, ni poseer un caballo de precio superior
a cinco libras. El clero, animador vital de la rebelión,
será castigado. Uno de los obispos, Monseñor Queely,
cayó combatiendo en campo abierto, pero otro, Monseñor
MacMahon, es ahorcado... mientras sacerdotes, mujeres y
niños serán vendidos en las Indias Occidentales como
esclavos.
Con
la restauración de los Estuardos en la Gran Bretaña
cambia un poco la situación y la cosa se suaviza.
Jacobo II aún es mas condescendiente con los católicos,
pero desgraciadamente es derrotado por Guillermo de
Orange, implacable enemigo del "papismo".
LOS
ORANGISTAS.
En 1689, apoyado por Luis XIV de Francia, Jacobo
desembarca en el Eire, al frente de un ejército
compuesto por refugiados irlandeses y tropas galas. La
preparación de estas fuerzas es escasa, y el pueblo
irlandés está agotado. Aun así se cerca Derry,
ciudadela en manos de los protestantes, que no se rinden
después de tres meses de asedio. Pero los católicos
fracasan y para postre el propio Guillermo de Orange
aparece mandando un cuerpo de veinte mil hombres, y en
Boyne, el primero de Julio de 1690, acaba por completo
con las fuerzas que se le oponían.
Desde
entonces, cada año, estos acontecimientos vienen siendo
conmemorados clamorosamente por los protestantes del
Ulster, y la noche del más despiadado colonialismo
vuelve a caer sobre el Eire. Y es a partir de ahora
cuando al movimiento de opresión protestante se le
denominará también "Orangista".
REPRESION
Y RESPUESTA GLOBAL.
La maquinaria represiva continuará desarrollándose
y junto a los sajones se instalarán ahora numerosos
hugonotes franceses, aventureros sin escrúpulos,
funcionarios rapaces, clérigos fanáticos anticatólicos
y toda clase de chusma. Los sacerdotes católicos no
podrán oficiar misa, al católico que se le encuentre
una espada se le ahorcará inmediatamente y se endurecerán
las medidas contra la lengua Gaélica.
Mientras,
el hambre fuerza a los irlandeses a la emigración, pero
estos siguen velando para que su personalidad no se
pierda. Desafiando los atroces castigos, los padres enseñan
a leer a sus hijos y les dan lecciones de historia. Los
sacerdotes ofician y llevan esperanzas a los fieles en
burla constante de la muerte. Y día a día, las
nociones de patria, de libertad, de justicia y de religión
se van entremezclando y convirtiendo en motor general de
todas las batallas, en causa por la que luchar y
sacrificarse.
Los
desastres británicos en la guerra de América del Norte
hacen que la represión en Irlanda disminuya, pues no se
puede mantener tanta presión. En 1778, se les permite
heredar y hacer leyes, y cuatro años mas tarde se
autoriza la enseñanza de los católicos y el libre
ejercicio de su culto, y esto les convierte en algo
parecido a seres humanos.
La
nueva política hace crecerse al movimiento irlandés,
pues estos ven que los gobiernos británicos tarde o
temprano se cansarán en su tarea de represión.
"Si nos dan un dedo es porque podemos tomarnos toda
la mano; si nos dan la mano es porque podemos tomarnos
todo el brazo", piensan. Por otra parte, el ejemplo
de las colonias que se han ido independizando abre
ciertas esperanzas al movimiento irlandés. ¿Porqué no
seguir la huella americana?
En
1783, tiene lugar en Dublín una gran convención
nacional, cuyo capítulo de conclusiones despierta la
alarma de los protestantes. Nace como consecuencia de
esta convención la Liga
de los Irlandeses Unidos que,
poco a poco, multiplica sus efectivos y que, en 1796,
cuando ya suma casi medio millón de miembros, desata la
insurrección. El nuevo caudillo independentista se
llama Wolf
Tone. Cuenta con el apoyo de una armada francesa,
que ha zarpado de Brest, pero el mal tiempo la dispersará
por el océano y sus cuarenta unidades no podrán
intervenir,
Pese
a este fracaso, dos años mas tarde, en Mayo de 1798, se
plasma otra sublevación en Dublín, pero los "Yeomanry",
la milicia protestante, aplasta sangrientamente a los
revoltosos. No obstante, al poco tiene lugar un segundo
desembarco, y esta vez Wolf Tone es capturado, y se le
corta el cuello en el calabozo adonde había sido
conducido. Tone supo recoger el apoyo de la burguesía
mas radical de la isla, pero no supo granjearse el apoyo
de los masas campesinas, pues lo veía todo a través de
los esquemas de la Revolución Francesa, y este enfoque
le restó el apoyo de ciertos sectores de la sociedad
irlandesa.
Alertados
por la escalada de insumisiones, y temiendo que su
vecina colonia cayera bajo la férula de Francia, los
ingleses decretan, en 1800, la "unión" entre
Gran Bretaña e Irlanda. A la Cámara de los Lores irán
veintiocho pares y cuatro obispos, elegidos por
sufragio. A la de los Comunes, cien diputados. En otros
términos, Irlanda vuelve a desaparecer del mapa, aunque
ahora de forma mas disimulada.
Ni
que decir tiene, los representantes
"irlandeses" en Westminster pertenecen al
estrato colonizador, pero en 1828, el joven abogado, Daniel
O'Connel obtiene
un acta de diputado, y aunque se niega a jurar lealtad a
la corona protestante, es admitido en el parlamento. Es
el primer católico que entra en aquel alto organismo:
su presencia resulta explosiva. O'Connel, además, es un
gaélico de raza pura, un luchador firme que cree
arrebatadoramente en la bandera que empuña. Consigue la
abolición de los abusivos diezmos que los católicos
debían pagar en calidad de tales y más tarde organiza
la "Rapeal
Association", cuyo fin no es otro que el de
destruir el acta de unión entre Irlanda y la Gran Bretaña.
Para
llevar a cabo sus proyectos, O'Connel reúne asambleas
multitudinarias, a las que acuden decenas de miles de
irlandeses, que ven en el eclipse del Acta de Unión el
remedio para sus miserias y frustraciones. El Domingo 8
de Octubre de 1843, en Clontarf, se esperan un millón
de manifestantes, y Wellington, comandante británico,
asustado, prohibe el mitin. O'Connel, ante esta reacción,
y sabiendo que los ocupantes no vacilarán en disparar,
lanza un llamamiento suspendiendo la manifestación.
Esta actitud no es comprendida, y el famoso combatiente
muere cuatro años mas tarde, despreciado por la mayor
parte de quienes le habían seguido.
En
1845 y hasta 1847 aparece una devastadora plaga, que
destruye las cosechas de patatas: el alimento clave de
la dieta irlandesa. El hambre es feroz y sus
consecuencias fatales. Seiscientas mil personas fallecen
y ochocientas mil emigran. Los campesinos se arruinan y
pierden sus tierras.
En
Londres, por supuesto, no se mueve un dedo en favor de
los damnificados, pues en realidad el conflicto les
beneficia. Primero porque muchos se van y otros mueren,
y "muerto el perro muerta la rabia", y el
problema irlandés se suaviza. Y después porque una
parte de esa inmigración va a parar a los centros
industriales británicos, como Londres, Liverpool,
Manchester, Australia, Nueva Zelanda y Canadá, como
mano de obra barata.
Mientras
que unos se van, otros permanecen, y el viejo espíritu
rebelde precipita una enésima sublevación, otra ves en
Munster, que es sofocada como las anteriores, pero que
dará al país una bandera: la verde,
blanca y naranja, que hoy flamea sobre los mástiles
oficiales del Estado libre de Irlanda y en las
barricadas de Belfast, de Derry.
En
1867 tiene lugar otro alzamiento, que tampoco triunfa y
que lleva a la cárcel, severamente condenado, al
arzobispo católico de Dublín. Pero ya, para esos
momentos, una nueva etapa comienza: la de la lucha por
el "Home
Rule", o lo que es lo mismo, por la autonomía
de Irlanda; una autonomía tras la que se trasluce,
claramente, una meta definitiva: la
independencia.
LA
BATALLA POR EL "HOME RULE".
El primero en lanzarse a la arena política, con
la bandera del "Home Rule" en la mano, es Parnell,
que cuenta con una inteligencia lúcida, una severidad
desusada y un completo convencimiento en la misión que
le anima. Parnell convence a Gladstone, primer ministro
y jefe del partido liberal, que siempre había mostrado
su comprensión por los problemas irlandeses, y logra
que se le quite a la iglesia protestante el monopolio de
la isla. En 1886 Gladstone presenta el proyecto del
"Home Rule", pero en un principio este será
rechazado.
Tras
muchos obstáculos, y vencidas muchas aprensiones, en
Abril de 1912 es aprobado el "Home Rule". El
parlamento irlandés tendrá poderes limitados, quedando
en manos de la corona la defensa, la diplomacia, la política
extranjera y la política aduanera.
Los
británicos ya empiezan a especular con la partición de
la isla, idea que poco a poco irá tomando forma.
Mientras
tanto en el Ulster los acontecimientos se precipitan. La
región se encuentra formada por ocho condados, cuatro
de los cuales son de mayoría protestante presbiteriana,
dos católica, y los otros dos, compartida entre ambas
confesiones. Pero el poder político y económico
pertenece absolutamente a los protestantes. El primero
de Julio de 1912 en las celebraciones de los
"orangistas", los protestantes gritan: "Home
Rule means Rome Rule", o lo que es lo mismo,
"El gobierno propio es el gobierno de Roma".
Las
amenazas protestantes no son para tomarlas a broma,
sobre todo porque disponen ya de una fuerza armada
propia. Su creador esEdward Carson, un abogado de
Dublín y antiguo combatiente de la guerra contra los
boers. El ejército secreto protestante es bautizado
como"Ulster Volunteer Force"; sus
efectivos ascienden a ochenta mil hombres, mandados por
veteranos generales de las campañas de la India.
Disponen de buen armamento, enfermeras, e incluso autos
blindados.
Lógicamente
la situación no hace más que deteriorarse. El
movimiento "Sinn
Féin" (Nosotros mismos), que agrupa a los
patriotas irlandeses, no quiere el "Home Rule"
si éste va a significar el desgajamiento de una región
de la isla.
Los
unionistas, por su parte, continúan su escalada de
intransigencia, y el "premier" se entrevista
con Edward Carson para ofrecerle, como solución de
momento, que los condados del Ulster se sustraigan al
"Home Rule" durante seis años. Evidentemente
Carson se niega. Los protestantes siguen levantando el
tono e incluso el alcohólico lord Winston
Churchill, alabado por su comportamiento
"siempre" democrático, llega a amenazar al
movimiento irlandés diciendo: "... a la fuerza (católica),
nosotros responderemos con fuerza".
Para
que la situación se calme, y tener controlados a los
unionistas, los británicos mandan dos batallones hacia
Irlanda del Norte, pero tanto los oficiales como los
soldados, que simpatizan con los exaltados
presbiterianos, se niegan a batirse contra estos. Y este
caso de clara sedición no será ni el primero ni el último.
El
24 de Abril de 1914, la Alemania del Káiser echa leña
al fuego. Un barco germano desembarca secretamente
25.000 fusiles t tres millones de cartuchos, destinados
a los unionistas del "Ulster Volunteer Force".
Berlín sabe que la guerra en Europa se acerca y quiere
crearle problemas a la Gran Bretaña.
El
26 de Julio de 1914 se producen varios choques, pues los
patriotas del sur también reciben armas, y como
consecuencia hay varios muertos y heridos.
El
2 de Agosto comienzan las hostilidades en Europa, y se
inaugura una tregua, que habrá de durar casi dos años;
exactamente hasta el mes de Abril de 1916.
PASCUAS
SANGRIENTAS.
En el propio campo irlandés la guerra europea
suscita reacciones diversas. Un grupo, capitaneado por
Redmond, decide enrolarse en el ejército británico
para ir a luchar contra los alemanes en Flandes y Bélgica.
Se trata, indudablemente, de una aberración. Visten el
uniforme de sus opresores, el uniforme que han llevado
los verdugos del Eire, para tomar partido en una lucha
entre imperialistas. Pero el gesto, sintomático de la
confusión llevada por el virus del colonialismo a la
isla, tiene precedentes en todos los meridianos. Estos
irlandeses de Redmond se alinean junto a los cipayos,
los askaris, los gurkas, los harkis... Son la pincelada
europea dentro de un recargado cuadro de gentes que
colaboraron con quienes le explotaban.
Naturalmente,
una mayoría de irlandeses cree que su puesto no está
ni con el rey Jorge
V ni
con el Káiser,
sino con Irlanda. Opinan que los sucesos bélicos pueden
favorecer a la causa de un nuevo alzamiento, y lo
preparan activamente.
El
Lunes de Pascua de 1916, mientras las campanas de las
iglesias llaman a los fieles a la plegaria, un grupo de
valientes, que cuentan con pocos fusiles, salen a la
calle.
El
golpe insurreccional, descargado por sorpresa,
proporciona una ventaja inicial a los irlandeses. De
todas las maneras, el balance de fuerzas es ya, desde el
principio, negativo para los hombres del "Sinn Féin".
No son más que setecientos o mil sin entrenamiento
alguno, mientras que la guarnición se compone de cinco
mil soldados. Desde el balcón principal del palacio de
Correos, que han asaltado, Pearse proclama
"el gobierno provisional irlandés"
y lanza un vibrante llamamiento "en nombre de
Dios y de las generaciones desaparecidas que nos han
legado las viejas tradiciones nacionales".
La declaración de independencia lleva siete firmas.
Todos ellos serán fusilados, al acabar los sucesos, en
el patio de la prisión de Kilmainham.
La
reacción de los británicos no se hace esperar. Las órdenes
de Londres son draconianas, y para cumplirlas, columnas
de infantería armadas hasta los dientes salen de la
base de Curragh, fuerzas de fusileros llegan desde
Templemore, artillería pesada desde Athlone, etc.
Pese
a su desventaja numérica y material, los patriotas
venden caro el suelo. Durante toda la semana se resiste.
Todo el barrio de O'Connel Street presenta un aspecto
dantesco bajo los incendios, las explosiones y el espectáculo
de los cadáveres desventrados. Por fin, el Sábado,
agotadas todas las fuerzas, el palacio de Correos cae.
La
última intentona para liberar a Irlanda de su yugo ha
causado 1.351 muertos. Pero no serán los últimos. Diez
días después del alto el fuego comienzan las
ejecuciones sumarias. Uno de los condenados es un hombre
de treinta y cuatro años, nacido en Nueva York, hijo de
un andaluz y una irlandesa, que será crucial para la
causa gaélica. Se llama Eamon
De Valera, y durante los combates ha mandado una
fuerza de cien hombres. Sin embargo, un acontecimiento
va a salvarle: su origen neoyorquino.
NEGOCIACIONES.
Las negociaciones entre los patriotas irlandeses
y los ocupantes se abren, y empiezan los primeros
contactos.
Los
británicos, como los auténticos demócratas de todas
partes, sólo saben basar su dominio en la opresión, y
cuando no pueden mantener más sus posturas, hablan de
respeto y de tolerancia.
Por
fin, las conversaciones dan un fruto: Irlanda del Sur se
gobernará a sí misma y entrará en la Commonwealth.
Evidentemente, no se trata de independencia, sino del
"dominion". Y, lo que es peor, de la
partición, puesto que el Ulster tendrá identidad
distinta y propia.
Uno
de los negociadores fue Michael
Collins, quien no tuvo más remedio que pactar la
división de Irlanda. Collins era un antiguo combatiente
y hombre de confianza de De Valera. Por causa del pacto
ambos se enfrentaron, ya que De Valera nunca reconoció
la división de las dos Irlandas. Finalmente el IRA, en
una emboscada, ejecutó a Collins, quedando éste en el
más absoluto de los olvidos.
La
triste "libertad", así conseguida, abre de
nuevo las puertas de la tragedia. El IRA,
el Ejército Republicano Irlandés, se lanza al combate
contra el ejército colonial inglés, contra las fuerzas
paramilitares y militares protestantes... y contra el ejército
regular de Dublín. La guerra es dura y se prolongará
hasta el mes de Abril de 1923.
Mientras
tanto en el Ulster, los protestantes tienen todo el
poder político y económico, y los católicos pueden
seguir siendo tratados como perros.
EL
ESTADO LIBRE DE IRLANDA.
La partición de la isla es injusta, pero la II
Guerra Mundial ofrece a Irlanda una nueva posibilidad de
"hacer algo".
Los
británicos intentan que los irlandeses entren en el
conflicto, pero De Varela se niega. Ante todo está la
reunificación de Irlanda.
Los
protestantes del Ulster sí se implican con los aliados,
y en los astilleros de Belfast se construyen buques de
guerra.
Las
escuadrillas de la Luftwaffe, en sus "raids",
llegan en varias ocasiones sobre el Ulster y bombardean
diversos objetivos, entre ellos fábricas de armamento.
Durante esos bombardeos, los comandos del IRA sabotean
la acción de los encargados de apagar las llamas. La
policía descubre también importantes alijos de armas
guardados, para secundar cualquier posible desembarco
alemán.
El
fin de la contienda señala una nueva etapa en la
historia irlandesa. En 1945, los sindicatos nacionales
retiran su filiación a los sindicatos británicos, a
los que se considera extranjeros, y en 1953, cuando
fallece Jorge VI, el Eire (Irlanda del Sur), rechazando
el juramento de fidelidad a Isabel II, se convierte en
República.
Este
nuevo estatuto, con todo, no modifica demasiado la
situación, puesto que el gobierno de Dublín (Irlanda
del Sur) se halla, cada vez más, en manos de una
burguesía conservadora, que teme a los patriotas y
activistas, y que pretende no sólo el apoyo de la Gran
Bretaña, sino también el de los Estados Unidos.
El
12 de Diciembre de 1956, el IRA desencadena una ofensiva
por sorpresa contra veinte instalaciones militares,
policiacas y estratégicas del Ulster. La ofensiva pone
en pie de guerra a las tropas inglesas y a sus
auxiliares, desencadenándose una vasta represión.
Paralelamente, el Gobierno de la República de Irlanda,
donde el IRA hace ya muchos años que se encuentra al
margen de la ley, monta grandes operaciones para
desarticular a los que son llamados, oficialmente,
"grupos terroristas". Y una larga serie de
miembros del IRA y del partido "Sinn Féin"
son encerrados en el campo de Curragh. La policía del
Ulster, mientras tanto, colabora activamente con la del
Eire en la caza de los "terroristas".
Aunque
Dublín (Irlanda del Sur) continúa reivindicando, por
simple rutina, sus derechos sobre el Ulster, la verdad
es que la colaboración con Londres resulta cad vez más
estrecha, y la dependencia -desde el punto de vista económico-,
de día en día más grande. En la Gran Bretaña
trabajan un millón de irlandeses, cuyos giros a las
cajas de ahorros del Estado libre resultan una aportación
valiosa para éste. El 75 por 100 de las exportaciones
del Eire van a parar a su poderoso vecino, y sólo un 10
por 100 a los países de la C.E.
Pero
mientras Dublín, Londres y el Gobierno Unionista y
protestante del Ulster se entienden, la población católica
del Ulster, desde 1922, vive en condiciones vergonzosas,
y a todo el problema nacional y religiosos se le añade
definitivamente el problema social y la lucha de clases.
A
finales de 1968 se inician en el Ulster toda una serie
de violencias que irán aumentando en los años
siguientes, poniendo en serios compromisos a los
gobiernos de Dublín. Estos, oficialmente, están con
los patriotas, pero, entre bastidores, la actitud no es
tan decidida. No obstante a medida que se radicaliza el
problema, Dublín tiene que "mojarse", y sobre
todo, porque el actual gobierno sólo cuenta con una
mayoría de cinco escaños en el parlamento, mientras
que el "Sinn Féin", que empieza a definirse
como una organización patriótica de izquierdas y
nacionalista irlandesa, robustece sus posiciones.
La
danza en la cuerda floja continúa a lo largo de todo el
año 1970, y en Agosto de 1971, cuando el terrorismo
británico, mediante la "Ley de
internamiento", provoca estragos en el Ulster, y
Dublín sólo sabe crear campos de refugiados para los
que quieren escapar del Norte, portavoces del Ejército
de la Irlanda del Sur proponen emprender una guerra de
guerrillas contra el ejército británico. Pero sólo
será el 28 de Octubre de 1971, en Munnley, Eire, donde
tropas irlandesas y británicas entablarán fuego por
primera vez, debido a unos roces entre soldados británicos,
y tropas fronterizas del Sur de Irlanda.
EL
DOMINGO DE SANGRE (Bloody Sunday).
En el Ulster, la represión siempre está
presente, y el horror sigue reservándonos capítulos inéditos
e impensables. Uno de esos capítulos fue la masacre de
Derry, el día 30 de Enero de 1972. En esa jornada
varios miles de católicos efectuaban una marcha en pro
de los derechos cívicos. Caminaban pacíficamente, sin
armas, pero el ejército de su Graciosa Majestad no
estaba dispuesto a consentir que en su presencia se
manifestasen gentes que solo pedían justicia y que sólo
se limitaban a remachar una serie de consignas
tremendamente cargadas de urgencia y razones: -Un
hombre un voto. Pues todo el poder político estaba
en manos dc los protestantes. -Un hombre un trabajo.
Pues los católicos eran discriminados simplemente por
su religión, llegando en algunas zonas a estar el 80
por ciento de la población parada. -Una familia una
casa, ya que casi la totalidad de las viviendas
estaban en manos de los protestantes, y las ayudas
oficiales eran solo para estos.
Pues bien , los soldados, sin previo aviso,
dispararon, y, según su costumbre, lo hicieron (esa fue
la respuesta dada mas tarde) "como respuesta al ser
hostigados por armas de fuego". Una explicación
manida y banal, ya que los únicos soldados heridos lo
fueron por golpe de piedra y no de bala.
Mientras tanto el espectáculo que se registraba
entre los manifestantes era atroz. La matanza produjo 14
muertos y un sin fin de heridos. Desde que ocurrieron
estos hechos ya ha pasado mucho tiempo, pero aun nadie
ha sido castigado.
Sólo el IRA se tomó la apropiada venganza,
haciendo saltar por los aires, en la propia Gran Bretaña,
uno de los pabellones de la unidad responsable del
"Domingo de Sangre". Hubieron algunos muertos,
más bien pocos, y la reina Isabel II, que estaba de
gira por el sudeste asiático, no tardó en expresar públicamente
su repulsa y conmiseración por lo ocurrido. Detalle
curioso: las lágrimas reales no habían caído días
antes por los muertos de Derry.
Desde entonces, cada año, a finales de Enero el
Sinn Féin organiza una manifestación que transcurre
por el lugar dc los hechos, siendo el poder de
convocatoria tremendamente inmenso, lo que confirma que
la herida sigue abierta.
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