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>> Las cartas sobre la mesa
Gibraltar:
Las cartas sobre la mesa En
las ultimas semanas tres hechos han venido a clarificar el momento
actual del contencioso colonial de Gibraltar. Primero,
Jack Straw, ministro de Asuntos Exteriores británico, comparecía
sorpresivamente en su Parlamento para reafirmar la voluntad del Gobierno
británico de llegar a un acuerdo con el Estado español sobre Gibraltar,
según la metodología conocida y con el régimen de cosoberania
como propuesta de solución al conflicto. La declaración de Straw se
producía en plena crisis entre Marruecos y el Estado español a cuenta
del islote Leila-Perejil. Segundo,
Peter Hain, ministro británico para Europa, en una entrevista en EL PAÍS,
aclara, en términos casi de ultimátum, que la posición británica
exige que el acuerdo de cosoberania con el Estado español sea permanente
y que excluya a la base militar (el 40% del territorio de la
Colonia) que seguiría bajo exclusiva soberanía y control británicos,
aun cuando se permitiera su uso por las FFAA españolas como
cualquier otro aliado de la OTAN, es decir, como si fuera
Dinamarca. Al poco, el primer ministro Blair, avala en rueda de prensa
este posicionamiento. Tercero,
Peter Caruana -alcalde de la Colonia con el titulo de
ministro-principal- anuncia su intención de convocar unilateralmente en
octubre un referéndum para que los ciudadanos con estatus gibraltareño
se pronuncien sobre los acuerdos hispano-británicos. El Gobierno británico
declara inmediatamente que no concede ningún valor a esa consulta. De
esta manera, un proceso que aparentemente aparecía bloqueado, toma
nueva vida por iniciativa británica, aunque lo hace en forma harto
problemática. El
colonialismo británico evidencia su interés por asegurar su presencia
en el Peñón, alterando formalmente su régimen. El Gobierno británico
quiere que el Gobierno español abandone sus títulos histórico-jurídicos,
provenientes del Tratado de Utrecht, a cambio de la imagen de ver ondear
en Gibraltar la bandera española junto a la británica. Desde el punto
de vista del colonialismo británico, su propuesta implicaría que la
cuestión de Gibraltar desaparecería de la ONU y dejaría de incordiar
en la Unión Europea con el aval español, sin por ello verse afectado
el régimen de privilegio de Gibraltar, los intereses británicos en la
Roca y su separación institucional del resto de Andalucía. El carácter
indefinido del acuerdo -sin disposiciones de revisión ni
plazos de transición a la soberanía española- conferiría a la posición
británica todas las ventajas de la actual situación sin ninguno de sus
inconvenientes. Extremadamente significativa es la clarificación de la
postura británica sobre la soberanía de la base militar -rectificando
incluso declaraciones previas del embajador británico en Madrid que
asumían el doble mando hispanobritánico- que ahora se explicita que
sería de exclusiva titularidad británica, según el modelo chipriota.
Esto supone sustraer buena parte de la extensión de la colonia al régimen
de cosoberania y muestra que, incluso hoy, siguen vigentes las
iniciales motivaciones militares para la ocupación británica del Peñón.
Además, se desprende de ello que el dispositivo militar imperialista
angloyanqui entiende que en Gibraltar ni siquiera es suficiente lo que
ya disfruta en Rota y Morón, bases militares también ubicadas en
territorio andaluz. Caruana,
por su parte, ha decidido sacar ahora a la superficie su recurso de
convocar un plebiscito a la rhodesiana para mostrar que la
población de la Colonia con estatus gibraltareño no está de acuerdo
con el plan hispano-británico. Londres ha dicho reiteradamente que el
hipotético acuerdo entre Gran Bretaña y el Estado español
-formalizado como una declaración conjunta- no sería operativo hasta
contar con el asentimiento de los gibraltareños. No obstante, es obvio
que aparte de establecer un horizonte delimitado sobre el futuro de la
Colonia, el acuerdo beneficiaría a los británicos desde su misma firma
con Madrid, permitiéndoles forjar eje en la UE sin la molestia del
contencioso gibraltareño. Lo que Caruana pretende con el anuncio es,
primero, intentar mantener abiertas sus expectativas de acceder al régimen
de la Isla de Man, ideal para mantener con plena seguridad el entramado
financiero que sostiene la economía de la Colonia; segundo, condicionar
el curso de la política británica y reafirmar sus pretensiones de
reconvertir a la población colonial en un sujeto más y además
definitorio para la resolución del conflicto. La respuesta británica a
esta iniciativa -calificándola de excéntrica, ilegal,
irrelevante e innecesaria- afirmando que el único
plebiscito que puede valer es aquel que cuente con la autorización británica,
ha evidenciado nuevamente que los pretendidos derechos
de la población colonial sólo han contado y cuentan para Londres en
tanto sirvan para encubrir y facilitar los intereses británicos. Joe
Bossano -líder de la oposición gibraltareña- descubre
ahora la hipocresía británica, haciendo expresa referencia a
la diferente actitud de Londres que hoy no reconoce el mismo ejercicio
plebiscitario que en 1967 impulsó para dar cobertura a su continuidad
colonial. Desde
Andalucía sólo cabe rechazar con contundencia el proyecto hispano-británico.
En otras ocasiones ya hemos advertido que para Andalucía podría ser tácticamente
interesante, como expediente temporal, que Gibraltar pasara a soberanía
española; esencialmente porque así se eliminaría la interferencia política
y militar británica presente y futura sobre Andalucía y dejaría la
tarea de emancipación nacional andaluza sólo en conflicto con el
Estado español. Los términos descritos de la propuesta británica no
ofrecen siquiera esas concretas ventajas y las declaraciones del
Gobierno español vuelven a demostrar que, también en este asunto, el
Estado español actúa contra los intereses andaluces. Obviamente, el
movimiento nacionalista andaluz no puede ni reconocer ni entenderse
comprometido por los pactos que puedan rubricar Londres y Madrid, ni
mucho menos admitir que estos afecten en lo más mínimo los
inalienables e imprescriptibles derechos de Andalucía a su plena
integridad territorial. Por
otra parte, lo que puedan pensar o desear los ciudadanos con estatus
gibraltareño sobre la soberanía del Peñón y su futuro territorial es
una cuestión simplemente irrelevante. Tan previsible es que ahora tanto
llanitos como ceutíes o melillenses -como antes hongkoneses, pied-noirs
o caldoches- propugnen masivamente el mantenimiento de sus respectivas
situaciones coloniales como que, desde un punto de vista
consecuentemente democrático y por tanto anticolonial, esa opinión no
tenga el menor valor. Los derechos e intereses de esas poblaciones a
tener en cuenta y a respetar, son de otra naturaleza y en absoluto
pueden integrar ninguna capacidad para determinar y ni aún condicionar
el futuro de soberanía de esos enclaves coloniales. Desde Andalucía
podemos desear, trabajar y confiar en reintegrar a la nación andaluza a
los andaluces con estatus gibraltareño, una vez eliminado el poder
colonial y subrayar nuestro interés por contar con la inestimable
aportación de sus peculiaridades culturales y lingüísticas como
elemento de enriquecimiento de la identidad nacional andaluza pero,
igualmente, hemos de advertir que no podemos ni debemos supeditar los
derechos nacionales andaluces en la recuperación de nuestra integridad
territorial a posiciones colonialistas irreductibles o intereses egoístas. En cuanto a este ultimo aspecto de la cuestión, es interesante reseñar la contumacia -digna de mejor causa- de ERC en su actitud procolonialista en la cuestión de Gibraltar, como muestran nuevamente las ultimas declaraciones de su portavoz Joan Ridao sosteniendo la iniciativa plebiscitaria de Caruana. Parece claro que esta organización catalana manifiesta un notorio desprecio por la posición e intereses de Andalucía en este conflicto, que sólo lee en clave hispano-británica, llevándole paradójicamente a asumir posiciones del mismo tenor que el unionismo probritánico norirlandés. Resulta una sustanciosa incoherencia por parte de ERC que a los pocos días de hacer justa y valiente referencia al colonialismo español en Marruecos a cuenta de los enclaves de Ceuta y Melilla no aplique a Gibraltar y al colonialismo británico en Andalucía idénticos criterios. ANDALUCIA
LIBRE nº 133
miércoles, 31 de julio de 2002 17:30 |
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