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Índice >> Artículos
>> Colonias
COLONIAS Ceuta
y Melilla se conquistaron por las armas y se mantuvieron por las armas.
De la misma manera que se ganaron o perdieron Trípoli, Argel, Túnez o
Larache. Con su misma función, una vez expulsada su población
originaria de su caserío y que hubo de refugiarse en su campo exterior:
fortines para controlar y hostigar y presidios donde recluir presos y
desterrados o concentrar esclavos qué vender en la Península. Otros
presidios similares, como Orán en fecha tan tardía como 1791,
simplemente se restituyeron por puro agotamiento. Ceuta
y Melilla se mantuvieron por puros avatares bélicos. Luego, tras la
guerra de 1860, Ceuta y Melilla se convirtieron en puertos francos desde
los que inundar el mercado marroquí, permitiéndose desde 1864 la
instalación de otra población. No obstante, fue a partir de la
implantación del moderno colonialismo español en Marruecos en la
primera década del siglo XX tras la firma del protectorado, cuando su
población creció gracias a los trabajos que provocaba el servir de
bases de retaguardia al ejercito español. Aún después, el Gobierno
español y el británico tantearon la posibilidad de canjear Gibraltar
por Ceuta y otras minucias, operación que no fraguo por que al final
los británicos pensaron que no les compensaba. Asociadas
administrativamente al Protectorado español -hasta el punto de ser
consideradas en 1935 y nuevamente en 1941 como territorios extranjeros-
se separaron de él sólo cuando Marruecos accedió a la independencia
en 1956. De
entonces acá, reproduciendo tanto en su historia como en sus funciones
a su hermano Gibraltar, vivieron a cuenta de su guarnición militar y
del contrabando y trafico de todo lo contrabandeable y traficable,
parasitando a su entorno. Y también como en Gibraltar, la administración
colonial se encargo, utilizando todos los recursos posibles, de
controlar el registro y establecimiento de población para mantener
proporciones acordes con los intereses coloniales. Enclaves
coloniales, como Gibraltar, y por tanto susceptibles sólo de devolución
al país despojado (Marruecos en este caso como Andalucía en el del Peñón)
en aplicación del principio de integridad territorial, su persistencia
bajo el colonialismo español es inexplicable sin la complicidad del
Majzen marroquí. Así pues, los previsibles cambios por venir tanto en
el Magreb en general como en Marruecos en particular es muy posible que
alteren el aparente sopor rutinario en que se desenvuelve su situación
en los últimos años, una vez rechazada su inclusión en la Comunidad
Autónoma de Andalucía al principio de la Transición, controlado el
movimiento melillense de los ochenta, convertidas en ciudades autónomas
y evitado a finales de los noventa el peligro de su control por un
imprevisible Gil y Gil. Ante ese escenario y recordando que tanto PSOE como PCE-IU asumen una posición colonial en relación a ambos enclaves, la izquierda nacionalista andaluza, en defensa de los verdaderos intereses nacionales andaluces, ha de recuperar tensión anticolonialista, afirmando con igual contundencia tanto el derecho a la reintegración de Gibraltar a Andalucía como el de Ceuta y Melilla a Marruecos. ANDALUCIA LIBRE, nº 9330 de Junio de 2001 |
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