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Índice >> Artículos
>> Referéndum rhodesiano en Gibraltar
Referéndum rhodesiano en Gibraltar y algunas actitudes vasco-catalanas contra Andalucía. "Una
expresión radical de irritación con la actitud de los llanitos se da
en el pueblo de San
Roque, fundado en
1704 por los andaluces que huyeron de Gibraltar cuando lo tomaron los
ingleses. El año pasado, Caruana prohibió que los niños gibraltareños
participaran en los Juegos del Estrecho organizados por esta localidad
en la que está Sotogrande, la urbanización de lujo en la que el chief-minister
tiene una casa de veraneo. El motivo es que los sanroqueños se negaron
a ocultar el lema "la ciudad de San Roque donde reside la de
Gibraltar", que adorna su escudo municipal desde hace 300 años. Al
calor de esa polémica, surgió el Foro para el Encuentro de los Pueblos
de Gibraltar. 'El referéndum me parece una absoluta inmoralidad, porque
Caruana debería haber tenido al menos la decencia de no convocar sólo
a los que van a votar como él, y haber ofrecido el voto a los que
salimos de Gibraltar huyendo de los ingleses', dice Francisco Linares
Vellido, abogado civilista de 42 años y miembro del Foro. Coincidiendo
con el referéndum de mañana, este movimiento va a inaugurar una
exposición de los documentos fundacionales de San Roque, incluido el
pendón que recibió de los Reyes Católicos y que hoy es la bandera del
municipio: idéntica a la que en Gibraltar ahora veneran como propia los
llanitos." EL
PAIS, miércoles,
6 de Noviembre de 2002. "El
98,97% de los llanitos que votaron, rechazó el jueves 7 de Noviembre
que el Reino Unido y España compartan la soberanía sobre el Peñón.
La participación fue del 87,92% del censo (20.683 individuos). Sólo
187 votaron que sí, frente a 17.900 que optaron por el no y 72 que
votaron en blanco. Hubo 11 nulos y 2.506 abstenciones." El
resultado fue el previsto: un abrumador NO a la hipotética
propuesta de co-soberanía angloespañola sobre el Peñón. El
mismo tipo de convocatoria y de cifras que si, por ejemplo, se hubiera
preguntado ese día en Ceuta y Melilla si querían pasar a soberanía
marroquí o permanecer como colonias españolas o si se hubiera hecho lo
mismo en la ciudad de Argel en 1962 entre la opción de continuar
francesa o integrarse en la Argelia independiente; o si en Neguri,
Sarriá o la Quinta Avenida se pusiera a consulta si el capitalismo es o
no el mejor y más justo sistema social posible. Cualquier parecido con
el ejercicio de la autodeterminación nacional es pura
coincidencia. No
obstante, desde una perspectiva nacional andaluza anticolonialista, sólo
cabe felicitarse, no tanto del resultado -que tiene la misma
legitimidad que la de los otros ejemplos citados: ninguna- como de
sus consecuencias políticas. Ya argumentamos detalladamente aquí en su
día (ver Gibraltar
andaluz) que era
mucho mejor para la futura recuperación de la integridad territorial de
Andalucía que se mantuviera el actual estatus colonial británico de
una manera expresa en lugar de que este fuera sustituido por su
enmascaramiento bajo la llamada co-soberanía. Si el
referéndum de 1967 en Gibraltar sirvió para que la Gran Bretaña, que
estaba retirándose entonces de sus posesiones al Este de Suez,
justificara su permanencia; el de 2002 -aun organizado a la manera de
los colonos blancos en la Rhodesia ocupada de 1965- servirá para que
Londres pueda atender los requerimientos de Washington, refugiándose
-como marca la tradición- tras la excusa de no afectar las
sensibilidades gibraltareñas (está claro que los chagosianos
deportados de la isla de Diego Garcia, no
son tan sensibles). Ya pudo atisbarse adonde se encaminaba el
proceso cuando, hace algunos meses y entrando en contradicción con
sus propios pronunciamientos previos, el Foreign Office, a instancias
yanquis, comenzó a reclamar que más del 40% del territorio
colonial, es decir la base militar, quedara excluido de cualquier
acuerdo con Madrid, de manera que ningún indiscreto -por muy
aliado y servicial que fuera- pudiera curiosear en esas intimidades.
Son consecuencias de la relación especial trasatlántica
Londres-Washington. Ahora
-para no extendernos ni repetirnos- vamos a detenernos en un asunto
colateral a la cuestión colonial cual es la actitud ante el problema de
Gibraltar de determinados sectores de Euskadi y Cataluña. En relación
a esta ultima, ya valoramos muy críticamente en su día los
posicionamientos procolonialistas de ERC. Hoy, especialmente, a partir
de la serie de crónicas publicadas en el diario del PNV, DEIA,
podemos hacer lo propio con esos mismos sectores en Euskadi. El
diario vasco peneuvista desplazó como corresponsal a la colonia a
Joseba Arruti, un tipo que se extrañaba de encontrarse en los
gibraltareños "una curiosa mezcolanza entre el gracejo andaluz
y la sobriedad de la metrópoli", con lo que se delataba como
guiri-total. Su línea en sus crónicas de color local era
reproducir como la verdad revelada el discurso de Caruana. Para
remate, su director, Baños Loinaz, en plan sentencioso, se metía a dar
clases de autodeterminaciones, mezclando churras con
merinas, con tanto desparpajo como atrevimiento; como si en lugar
de escribir desde Bilbao -que sigue bajo la bota española- escribiera
desde Lisboa, Riga, Tallin, Bratislava o Kiev. Si bien desde Andalucía
no nos reconocemos una autoridad en la materia, de momento al menos;
tras unos cuantos decenios de historia a las espaldas y vistos los
hechos, habrá que recordarle a alguno que el PNV tampoco ha hecho
meritos empiricos precisamente para dar lecciones ajenas al
respecto. También en Gara
hubo algún apunte -aunque más ambiguo- en ese tono. En todos los casos
citados resulta claro cuan viva sigue por algunos andurriales la vieja
costumbre de darle patadas a España en el culo de los andaluces.
Dada nuestra realidad política y social no cabe extrañarse de ese
ejercicio de ignorancia displicente por observadores ajenos pero sí
cabe anotar cierta estulticia por su parte -al margen de las
incoherencias- cuando -pensando estratégicamente- unos que se
presumen nacionalistas prefieren alinearse tras unas 20.000 personas
con estatus colonial gibraltareño, residentes en diversos puntos
de una comarca andaluza en lugar de apostar por los derechos de una nación
de más de ocho millones, clave dentro del equilibrio interno del Estado
español. ¿No hace
reflexionar a algunos afamados abertzales la imagen del
continuo ondear de la Union Jack para celebrar y afirmar el estatus
colonial?. ¿No le chirrían las vísceras?. ¿Cómo se puede tener
claro el asunto cuando lo que se pavonea es la estanquera en Ceuta y
Melilla y por el contrario decir tantas tonterías cuando la que se
muestra es la británica?. ¿Tan complicado y difícil les
resulta entender que entre el Gibraltar británico
-o su subproducto, el Gibraltar gibraltareño- y
el Gibraltar español, cabe una alternativa que
es, no sólo la más justa sino la más democrática, como es el Gibraltar
andaluz?. Quizá en algún caso esta miopía selectiva
pueda explicarse porque se tengan relaciones estrechas con la
Colonia (sea por mediación del lobby o sea por vínculos profesionales
o mercantiles achacables a su condición de paraíso fiscal) pero, en
otros casos, lo que es casi peor, sólo pueda entenderse como
manifestación de cuan lejanos se encuentran estos sujetos y sectores de
Andalucía, no sólo geográficamente. ¿Cuanta ignorancia o cuanto desprecio
hacia los andaluces hay que tener para confundir, por ejemplo, a Bossano
con una especie de Gerry Adams; cuando, políticamente, si con algo y
alguien se le puede homologar es con el extremismo unionista plebeyo de
Ian Pasley?. (Eso sí, nuestro Bossano tiene muchísimo más ángel
que el irlandés probritánico). La cuestión de Gibraltar, como se ve, no deja de aportar enseñanzas para el movimiento nacionalista andaluz. ANDALUCIA
LIBRE nº 145
viernes, 15 de noviembre de 2002 2:10 |
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